A lo largo y ancho del proceso convencional interno, de la campaña electoral pasada y de la etapa post electoral, el sector que en el Partido Revolucionario Dominicano lidera el ex candidato presidencial, Hipólito Mejía, ha venido cometiendo errores tras errores.
El último de ellos es dejarse arrastrar a la línea que lo lleva a sujetar sus planteamientos y acciones a la repetición de una experiencia política fallida, escenificada en buena parte de los años ochentas, basada en la convocatoria a una “revolución inminente”.
Aquel “programa revolucionario”, antecedido de una “revolución” que estaba “a la vuelta de la esquina”, sirvió en los hechos como factor diversionista para la vuelta al poder de Joaquín Balaguer en 1986, retrasando importantes cambios democráticos impulsados por los gobiernos perredeístas de Antonio Guzmán Fernández y Salvador Jorge Blanco.
Entonces, coincidente con el propósito de ahora, la llamada “revolución inminente” se basó en una sobreestimación de la lucha social y comunitaria por reclamos de empleos, provisión de agua potable, arreglo de calles, carreteras y caminos vecinales, construcción de escuelas, centros sanitarios, servicio de energía eléctrica, programas habitacionales, saneamiento de cañadas, seguridad en las calles y otros, dirigidos a superar el hacinamiento y mejorar la calidad de vida en barrios y campos.
A esas reivindicaciones populares se suma ahora la resistencia, a veces feroz, de grupos choferiles que se sienten amenazados por la construcción del metro I y II como respuesta del gobierno del PLD al problema del transporte público y a la pesadilla en que ha devenido el tránsito urbano.
(Esa conexión gruposchoferiles-hipolitistas explica la acción violenta del grupo de Juan Hubieres agrediendo a la dirigencia perredeísta, en la primera audiencia del Tribunal Superior Electoral, y las amenazas públicas del grupo Antonio Guzmán Fernández y Salvador Jorge Blanco de asaltar la casa nacional perredeísta).
Ganado por los fracasados cultores de la “revolución inminente”, vemos al sector Hipólito, un grupo medularmente conservador, pregonando su decisión de tomar las calles, proclamando la lucha social reivindicativa y formulando otros pronunciamientos s en los que nunca han creído, ni como detentadores del poder ni fuera de él. Su nuevo programa “revolucionario” es otro eslabón de su cadena de errores.
Cadena de errores que inició cuando viendo perdida la convención interna frente a Miguel Vargas, prefirieron hacer una operación que llevó al PLD
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