El director de Información, Prensa y Publicidad de la Presidencia de la República, licenciado Rafael Núñez, reaccionó esta semana a las críticas que algunas personas-incluyendo funcionarios-han externado respecto de la política de comunicación del gobierno, a la que atribuyen parte de la responsabilidad de que la población supuestamente tenga una imagen negativa de la administración.
Lo que Núñez explicó en su bien ponderada exposición pública se corresponde con la verdad, pues en su gestión la Dirección de Prensa ha tenido una dimensión distinta y ha trascendido como una estructura funcional, dinámica y proactiva, como es de esperar en un gobierno de Leonel Fernández.
No creo justo atribuirle la culpa de una falla que tiene un origen diferente al que se señala y que Núñez, por prudencia, disciplina o lo que haya entendido, no puede decir.
Lo correcto sería establecer que la alegada falta de una política de comunicación integral tiene otros responsables que no han entendido la necesidad de mantener una línea de información conforme al objetivo general.
Lo que sucede es que por lo general cada funcionario ha venido aplicando su plan de comunicación acorde con sus intereses personales y sin tomar en cuenta la necesidad de una proyección de la administración del Presidente Fernández como un todo indivisible.
En esa línea de conducta, muchos de esos funcionarios han preferido destinar gruesos presupuestos para favorecer a comunicadores confesos opositores con tal de que los alaben sin importarles que sean abiertos detractores del jefe del Estado.
Mientras muchos comunicadores que han dejado el pellejo defendiendo la gestión del Presidente Fernández como un todo-porque les duele el gobierno-han tenido que cesar programas de televisión, de radio o medios digitales por falta de publicidad, esos funcionarios tienen asignaciones mensuales a determinados opositores que ni siquiera difunden las promociones que enmascaran lo asignado.
E resultado de esa actitud, totalmente desafortunada, es que mientras se pretende acorralar y presentar al Presidente como un general en retirada, esos funcionarios generosos reciben elocuentes elogios de los calumniadores del mandatario.
Dicho en honor de la verdad, ese comportamiento no es nuevo sino que ha sido una constante a la cual el Presidente nunca quiso ponerle freno, ya que respeta el criterio de cada cual, aun cuando ese criterio estuviera minando la buena imagen del gobierno.
Es bueno dejar constancia de que mi posición obedece a una convicción, no a conveniencia pues carezco de razones para ello. Pero lo entiendo como un deber frente a la orquestación mediática que se ejecuta con el objetivo de minar las bases de la administración.
Pero además, y quizá lo principal, el asedio mediático contra el gobierno se lleva al cabo en el marco de un proceso electoral en marcha, por lo que su objetivo principal-aunque no lo parezca-es afectar las posibilidades de triunfo del candidato del PLD, licenciado Danilo Medina.
Por lo tanto, hay que establecer sin miedo que los funcionarios que alimentan esas voces no apoyan a Danilo de manera sincera, no importa que, tal lo hace un creyente pecador, cada día se den golpes en el pecho frente al sacerdote.
En conclusión: los señalamientos de Rafael Núñez, si bien bastante explícitos, se quedan cortos frente a la realidad que acabo de exponer. Eso no es justo.
nelsonencar@gmail.com
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