En todas las esferas de la sociedad se escucha y siente el clamor generalizado de que la violencia delincuencial está invadiendo todos los espacios de la vida ciudadana, no dejando sin contaminar ningún resquicio de la vida social.
La vorágine de robos, atracos, secuestros, asesinatos y otras vías de hecho, han terminado por desbordar la capacidad de asombro del más escéptico ciudadano, pues la degradación del valor de la vida humana y del respeto por el prójimo ha descendido a niveles nunca vistos.
La sociedad luce ahogada en una atmosfera irrespirable, donde con el mal de la violencia delincuencial se conjuga con la lenidad y complicidad de las autoridades represivas en su trato con los infractores y la indiferencia de la clase política hacia este problema, el cual solo ha sido tratado con vehemencia cuando los funcionarios y políticos acuden a los medios de comunicación, sobre todo si están en campaña de proselitismo o en medio de una escena dantesca de dolor.
Hoy nadie se siente seguro ni confortable en este ambiente desbordado de desolación y muchos piden a gritos que se extirpe de raíz el problema, que se extermine de forma fulminante a todos los delincuentes, cosa tal que en un mundo ideal es lo que todos queremos, pero que en realidad no podremos ver ese fin y esto por una razón muy elemental, y es que los delincuentes los está produciendo la sociedad, no nacen de la nada, nacen de las inequidades sociales que ahondan profundamente las diferencias entre los hombres, que violentamente producen frustraciones que llevan a muchos por el camino que consideran más fácil.
Si vemos las estadísticas de las personas que han caído abatidas en intercambios de disparos con la policía en los últimos cinco años, los cuales podrían ser varios miles, nos daremos cuenta que en nada significativo se han convertido sus muertes a fin de alcanzar la tranquilidad ciudadana, porque otros miles de potenciales delincuentes crecen día a día y se van incorporando a la actividad delictiva, porque a nivel general el estado no tiene una política de desarrollo que le permita a la juventud tener la certeza de que con estudio, dedicación y esfuerzo podrán alcanzar una vida digna y a la altura de las expectativas que le venden los medios de comunicación masivos.
La clase política, la cual por su naturaleza esta llamada a ser la rectora de la sociedad, ha dado un malísimo ejemplo a todos, por la forma rufianesca como se ha manejado en los últimos cincuenta años, pues salvo honrosas excepciones, han sido lo que a su forma han relajado todas las buenas costumbres sociales, convirtiéndose en el mal ejemplo que ha contagiado a la población en general, mientras el político usa el verbo como herramienta de dolo, el pobre que carece de él, usa la navaja o la pistola para lograr el mismo fin, solo es un asunto de medios, y cada cual usa el que está a su alcance.
Con lo aquí expresado no estoy justificando la violencia delincuencial, sino solo graficando de donde viene el problema y el porqué en el actual marco político social donde nos encontramos no se podrá resolver el problema, pues hace falta una verdadera voluntad política para resolver el asunto y esto incluye una política de estado a mediano y largo plazo que le den un giro diferente a la sociedad, cosa que no van a hacer ninguno de los partidos políticos que han detentado el poder hasta hoy, pues ellos son una parte muy activa del problema y por lo tanto no tienen solución del mismo.
Si se quiere combatir enérgicamente la delincuencia, se debe concentrar la represión en los delincuentes de cuello blanco, los cuales cualitativamente son más dañinos que los delincuentes de baja estofa que continuamente acribillan al ciudadano y caen acribillados a manos de la policía.
Cuando el ciudadano común entienda que todo acto delincuencial trae consecuencias punitivas, sin importar quien lo cometa, entonces se recobrará la confianza colectiva en las instituciones sociales, mientras tanto la lucha contra la delincuencia no será más que una burda mentira, un acto donde los delincuentes de gran calado se mueven como peces en el agua y los de poca monta seguirán siendo aplastados como moscas.
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