R. DOMINICANA.- Septiembre 05, 2010 - Alfredito, antiguo morador del barrio “Katanga” de Los Minas, y quien hacía apenas 6 meses había emigrado a los Estados Unidos, llega en un automóvil lujoso y muy costoso. No usa servicios de chofer. Se baja del mismo, todo sonrisas y saludos afectuosos: La primera persona que sale a su encuentro es Juan Carlos, su amigo de la infancias e hijo mayor de doña Carmen. Cómo estás, mano? Cuéntame cómo va todo, por dónde andan los muchachos?. Luego se dirige hacia el grupo de muchachas que lo esperan desde hace horas. Las saluda con besos y abrazos y luego entra a la residencia de doña Carmen, acompañado por Juan Carlos y el grupo apostado en la puerta .
Se acomoda en un sofá y de manera, aparentemente sencilla, cruza las piernas y coloca la mano en el brazo del mueble, (esto lo hace para que puedan admirar sus zapatos de marca y el anillo y guillo que adornan su muñeca). Un refresco o café le son ofrecidos, que él, siempre con una sonrisa, acepta y agradece. Todos en la sala están maravillados por la bonanza exhibida por el visitante, mientras las muchachas escondidas tras la cortina que divide la sala de la cocina dejan escapar un suspiro.
Mientras estuvo en aquella humilde vivienda, aprovecho cada minuto para hacer notar la buena vida de la que ahora disfrutaba y de los planes que tenía para el futuro inmediato. Hizo ofertas de trabajos, ofreció hacer arreglos a la casa y cubrir los estudios de los “muchachos”. No le quitó la vista de encima a Maritza, la hija menor del matrimonio y quien se había convertido en una hermosa muchacha, misma que en el pasado le había dado “bola negra” por su apariencia desaliñada y porque todos en el barrio decían que no tenía futuro. Sobra decir que la joven ahora se mostraba bastante interesada.
Luego de terminar la visita, se dirige al colmado de Tontolo, siempre seguido por los “tígueres” y una fila de niños curiosos a los que obsequiaba billetes de $50 y $100 pesos. Ofrece tragos gratis a todos y propone un sancocho en la noche para reunirse con los amigos a recordar los viejos tiempos.
Se queja de que no hayan una cancha y un club recreativo en el sector, y de inmediato ofrece construirlos. Va repartiendo billetes de $1000 a los “viejos” , una bicicleta para el hermanito de la joven que tiene en la mira, reparar el techo de la casa de doña Ramona, una enfermera pensionada y madre de cuatro muchachos.
Ya en la noche, mientras preparan el sancocho, pide whisky del más caro alegando que “el ron malo” le provoca resaca y dolores de estómago y entre tragos alardea de lo que ahora posee, dejando escapar un ligero sentimiento de rencor por todos los que lo consideraban un inservible.
La fiesta termina en la madrugada, pero él se ha retirado antes. No esperó hasta el final porque ya había conseguido lo que quería: “amanecer” en una lujosa cabaña con Maritza y durante una semana anduvo con ella, sin que la familia mostrara desaprobación. Se frotaban las manos pensando que la joven tenía ya su futuro asegurado.
Terminada su visita de dos semanas al país, lleva a Maritza a su casa, le entrega $25,000 pesos para que “vaya al salón” y otros $15,000 a doña Carmen para que “se ayude”, $500 a los niños para que “compren helados”, y así continúa regalando dinero hasta que sube a su Mercedes deportivo, prometiendo a Maritza que volverá pronto para formalizar la relación.
Tres meses, el club recreativo está terminado y los muchachos practican en la cancha; el techo de la casa de doña Ramona no podía lucir mejor. Todos estaban felices hasta un día en que llegó al lugar un personaje extraño, quien de inmediato preguntó por Juan Carlos. Ya juntos, el extraño le informa que Alfredito necesita que él (Juan Carlos) le preste un pequeño servicio: quiere que lleve a La Romana un cargamento de frutas a un almacén que posee allá y que por ese trabajo le pagará $40,000. Juan Carlos, de inmediato acepta y al día siguiente parte para La Romana.
En el camino es interceptado por otro camión que lo bloquea y lo obliga a detenerse. Como un rayo salen 5 hombres del camión gritándole a Juan Carlos y al resto de los ocupantes que salgan del camión; Juan Carlos está impactado, no entiende lo que sucede e inocentemente se baja del camión vociferando que nadie más lo acompaña. Los hombres no le creen y de inmediato se inicia una balacera y el joven cae muerto en el lugar. Los hombres suben al camión, sacan toda la mercancía y se alejan tan rápido como llegaron; las “frutas” que pensaba Juan Carlos que transportaba eran paquetes de cocaína perteneciente a los asesinos y que Alfredito les había arrebatado en un “tumbe”.
Juan Carlos pierde la vida, su hermana Maritza preñada y abandonada, doña Carmen llorando desconsoladamente, al tiempo que maldice con todas sus fuerzas el día en que Alfredito se apareció en su casa. Esa misma noche, Alfredito es puesto al tanto de lo sucedido, incluyendo la trágica muerte de Juan Carlos y se le aconsejó que no volviera a la República Dominicana por al menos durante dos años, hasta que las cosas se enfriaran y que, pasado este tiempo, buscarían un nuevo contacto para su tráfico de drogas en la región.
*Esta historia es real y se cambiaron los nombres de los actores.
|