Diez mil dólares le costó al Cartel de Cali cada una de las dos balas que mataron al periodista Manuel de Dios Unanue. El capo José Santacruz Londoño había ordenado su muerte por un artículo que este había escrito y a Chepe no le había gustado, han sostenido autoridades y publicaciones estadounidenses.
La nota periodística se titulaba Cómo cayó el grupo de Matasiete Herrera: la tecnología los hundió . Testigos afirman que al cartel le molestó que el asesinado periodista hubiera escrito sobre Ramiro Herrera, el hermano de Francisco Pacho Herrera detenido el dos de diciembre de 1991 con doce toneladas de cocaína escondidas entre postes de cemento llegados desde Venezuela.
En esa ocasión, 44 miembros de la red de distribución del Cartel de Cali en Nueva York fueron capturados. La DEA sindicó a Ramiro Herrera de ser el encargado del manejo de los negocios de la mafia vallecaucana en la llamada Capital del Mundo.
Asesino condenado Otros dos cabecillas, Carlos Guzmán y Alfonso Martínez, también fueron detenidos. Posteriormente, Ramiro Herrera aceptó su culpabilidad y fue condenado a 30 años de cárcel.
El asesinato del periodista, que tuvo lugar en un restaurante de Nueva York, provocó grandes expresiones de repudio en la ciudadanía, por eso, cuando Wilson Alejandro Mejía Vélez, el asesino de 18 años, fue condenado a cadena perpetua el 16 de marzo del año pasado por el asesinato del periodista Manuel de Dios Unanue , muchos de los habitantes de dicha ciudad respiraron tranquilos porque se había hecho justicia.
Sin embargo, los fiscales que llevaron el caso del crimen no descansaron. Para ellos, el autor intelectual de la muerte de Unanue fue José Chepe Santacruz Londoño.
A las nueve de la noche del miércoles 11 de marzo de 1992, el restaurante El Mesón de Asturias, ubicado en el sector de Queens, se hallaba tranquilo. La habitual clientela, en su mayoría colombianos, departía tranquilamente.
Dos hombres jóvenes entraron y sin decir nada fueron observando lenta y atentamente a todos los comensales allí presentes. Luego salieron. Elkin Farley Salazar y José Jaime Benítez, dos de los sicarios, se quedaron en el interior de un automóvil esperando.
Mejía entre tanto se ponía la máscara, con la que entró al restaurante a los pocos minutos. La sorpresa de los testigos se transformó en terror cuando desenfundó un arma y le disparó dos veces a Unanue en la cabeza.
Después, simplemente salió corriendo, subió al automotor que lo aguardaba con el motor encendido y se perdió entre el tráfico del sector de Jackson Heigts. Cinco días más tarde, la Policía hacía circular un retrato hablado de la persona que habría efectuado el crimen.
Un año y medio después, la Fiscalía de Nueva York vinculó a este crimen a John Harold Mena, Juan Carlos Velasco y Elizabeth Castaño, quienes se declararon culpables esperando a cambio una rebaja de pena.
Seis meses para morir La crónica de la muerte de Unanue prácticamente comenzó a escribirse antes de que el sicario accionara su arma. En septiembre de 1991, Guillermo León Restrepo Gaviria contactó a Mena en Nueva York y le dijo que el Cartel de Cali ofrecía 50 mil dólares por la muerte del periodista.
En su confesión, firmada el 13 de agosto de 1993 ante el magistrado Allyne B. Ross, tanto Mena como Velasco reconocen que el instigador de la muerte de Unanue fue Restrepo Gaviria, a quien los periódicos New York Times, New York Newsday y Daily News señalan como lugarteniente de Santacruz.
Mena llegó de 17 años a Nueva York tras cruzar el hueco , como se conoce la frontera entre México y Estados Unidos. Como todos los inmigrantes ilegales, llegó indocumentado. Al principio debió lavar platos y manejar taxi para subsistir, pero su suerte económica empezó a cambiar cuando su novia le presentó a Restrepo Gaviria, en ese entonces considerado como la mano derecha de Santacruz .
Poco después, se ganó la plena confianza de la mafia caleña y empezó a hacerse cargo de una de las células de distribución en Nueva York y a ejecutar algunos crímenes por cuenta del Cartel, recibiendo 20 mil dólares por cada uno de ellos.
La participación de Castaño, de 25 años, en el crimen únicamente se limitó a hacer una llamada y transmitir el mensaje que Santacruz enviaba y significó la muerte para el periodista. Velasco también reconoció su culpa en el homicidio.
Cuando Mena fue contactado y preguntó la razón para asesinar al periodista, Restrepo sólo le contestó que cualquiera que se metiera con la gente de Cali perdería , señala un artículo del New York Times de la época.
Sin embargo, del dinero que el cartel pagó por la muerte de Unanue, Wilson Alejandro Mejía Vélez, el inmigrante indocumentado de 17 años que accionó el gatillo, sólo recibió 4.500 dólares. Los demás fueron a parar a los bolsillos de los intermediarios del crimen.
Mena y Velasco acusaron a Mejía por el crimen buscando una rebaja en la condena. Durante las dos semanas que duró el juicio, manifestaron que creían que su víctima iba a ser un soplón o vendedor de drogas e ignoraban la identidad de Unanue y su prestigio profesional entre las altas esferas neoyorquinas.
Unanue, de 48 años, fue durante varios años el jefe de redacción de El Diario-La Prensa, el rotativo en español de mayor circulación en Nueva York. Cuando murió se desempeñaba como redactor e investigador de las revistas Cambio XXI y Crimen. Su gran obsesión profesional era, al parecer, destapar todos los vericuetos de la mafia del narcotráfico.
Los fiscales dijeron que Mejía, Elkin Farley Salazar, de 26 años, y José Jaime Benítez fueron al restaurante y asesinaron al comunicador con fría indiferencia por la vida humana . EL TIEMPO
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