Viene bajando por la 27 de Febrero. Todo lo infecta con su olor. Es una gran nube. Los peatones y automovilistas sienten que les falta el aire; todo se detiene. Los empleados de las tiendas corren a cerrar las puertas y ventanas, los clientes gritan histéricos; todo es confusión.
Llega hasta el Hospital Central en donde los pacientes caen de sus camas víctimas de terribles convulsiones, los médicos y enfermeras no saben que hacer y sólo atinan a cubrirse la nariz. El recorrido continúa hacia la Duarte con París. Allí, los vendedores ambulantes se lanzan sobre los víveres tratando de protegerlos de la peste. Pero no pueden. Las vendedoras de flores ven impotentes como éstas mueren; están tristes. Ni hablar de las verduras, los plátanos y las papas. Todo perece. Es un gran desastre!!
Nadie entiende qué sucede, la peste lo abarca todo.
La peste se dirige a la zona oriental, cruzando los puentes y bañando las casas y comercios con sus tentáculos. Es terrible!
Sobre la zona, se disemina por los cuatro costados y llega hasta San Isidro. Una vez allí, los moradores se alarman y salen despavoridos. Los recintos militares se quedan sin dirección. Alguien grita: Es Chernobyl que se repite!! Otros: No, es un animal muerto! Nadie acierta.
La gente respira aliviada cuando ven la nube alejarse y piensan que talvez la misma se disipe en el mar. Pero, repentinamente la nube gira y vuelve sobre sus pasos. Nadie sabe a dónde va.
Hay reportes que dicen haberla visto en el Cibao, otros en el Sur, el Este, en todas partes la han visto, y en todas partes dejó sus efluvios. Nada ni nadie escapó de ella.
Luego del largo recorrido, la nube comienza a debilitarse, la gente comienza a respirar. ¡!La nube está muriendo!! Ya no tiene fuerzas; agoniza, se arrastra, se impulsa hacia delante con sus brazos apestosos y su pútrido aliento. Cree poder llegar hasta su lugar de origen. Pero está tan débil que no sabe en dónde se encuentra. Quiere llegar a su casa, pero no la encuentra, ya no puede ver. Cuando siente que no logrará su objetivo, ve un grupo de policías armados hasta los dientes, vehículos todoterreno que casi vuelan. Todo un aparataje. Un gran aspaviento. Entonces sonríe y murmura para sí: estoy en el camino correcto, ahí va Franklyn, haciendo bulto, como siempre. Todavía no entiende que él no califica para tener enemigos. Pobre infeliz!
Por fin llega hasta la entrada de la gran estructura marmórea. Puede ver a sus creadores, vestidos con sus trajes alquilados o tomados por intercambio, a los aduladores (léase lambones), a los mentirosos, caza bobos, nepotistas, clientelistas, chantajistas, etc. Todos están allí. Es un gran alivio!. Ha llegado a casa!!
|