Hace tres meses escribí sobre el mayúsculo desorden que tolera el Ayuntamiento del Distrito Nacional en el puente peatonal que une las avenidas Kennedy con Churchill. Hoy vuelvo a hacerlo porque está peor.
Estamos en campaña electoral; oportuno el momento para reiterar mi insatisfacción y demandar correctivos.
Ahora son tres negocitos en el puente peatonal, no uno como en diciembre. Debajo de los elevados hay más basura. No entiendo porqué no acaban de cementar el piso de tierra en el que no crece grama ni nada. El espectáculo de fundas con cualquier cosa colgando de las mallas ciclónicas no puede ser. Los contenes están sucios y sin pintar.
No es posible que la estética de cualquier ciudad esté regida por el capricho y la necesidad de vendedores ambulantes. Normar, reclamar el cumplimiento de esas normas, sancionar su incumplimiento, debe ser tarea del gobierno de la ciudad.
Cualquier esquina no es un mercado. Que allí, o en cualquier otro espacio público “se la busquen” personas trabajadoras, que no quieren “hacer lo mal hecho”, lo aplaudo, me parece muy bien, pero lo están haciendo en un lugar que no es suyo, sino de todos. Que alguien sea pobre o desempleado de clase media no le autoriza a privatizar, a apropiarse de un pedazo de espacio público para instalar un puesto de frutas, chimichurris o de venta de empanadas sin la debida regulación del gobierno de la ciudad.
El gobierno de cualquier ciudad que lo permita, irrespeta, vandaliza la propiedad pública que los ciudadanos le han encargado cuidar.
Pero el cuento no termina ahí. En la esquina anterior, si recorremos la ruta este-oeste, en la Kennedy con Lincoln, encontraremos la misma suciedad, el mismo arrabal. La malla ciclónica está desvencijada; la gente penetra, orina y lanza desechos como si aquello fuera monte virgen. ¡Cómo es posible!
Sin embargo, en esa misma esquina, un poco más arriba, en el espacio público intersección de varias vías hacia y desde la avenida Los Próceres, el Ayuntamiento –presumo- construye lo que parece será un parquecito. ¡Fantástico!
Al frente, en la acera sur de la Kennedy, empresas privadas construyen Ágora, una gran superficie que dinamizará y embellecerá la zona, como lo ha hecho Ikea.
Me gustaría creer que esta intervención privada (Ágora) y la propia del Ayuntamiento (el parquecito) estimulará al gobierno de la ciudad a resolver cuanto he señalado hoy.
De lo contrario, volveré a insistir. ¿Antes del 16 de mayo? Vamos a ver.
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