Por: Luis José Chávez
lj.chavez@codetel.net.do
(REPUBLICA DOMINICANA) - Febrero 17, 2011 - En el año 1971, a la llegada del turismo a la provincia Altagracia de la mano del joven empresario Frank Rainieri, el municipio de Higuey dependía esencialmente de la ganadería y la caña. En la ciudad existían 4 almacenes, 3 farmacias, 2 pequeñas ferreterías, 6 carnicerías, 4 talleres de mecánica, 2 fábricas de hielo, 2 fábricas de queso, 2 aserraderos y un pequeño negocio de venta de vehículos.
Higuey contaba para esa época con una oficina del Banco Popular con 5 empleados, un pequeño hospital público y 4 consultorios privados, 10 abogados, 8 médicos y un ingeniero. También tenía una escuela primaria, un liceo secundario y 2 colegios católicos.
En la actualidad la provincia Altagracia recibe más del 50% de los turistas que llegan al país, representa la mayor demanda de bienes y servicios por habitantes, la tercera oferta de servicios financieros, la tercera en consumo de energía y venta de vehículos, aporta más del 12% del PIB, es la zona con la más alta tasa de empleo de su población, mientras se ha multiplicado por 5 el número de viviendas en Higuey.
Estos datos, extraídos de una conferencia del empresario turístico Frank Rainieri, constituyen el mejor mentís a la tesis sustentada por el PNUD y repetida por la asociación catalana Alba Sud, de que “el modelo turístico dominicano, lejos de implicar un mayor desarrollo para su población, concentra la riqueza y redistribuye la pobreza”.
El informe de Desarrollo Humano 2008 del PNUD afirma que en Puerto Plata y Altagracia, las dos principales provincias turísticas del país, “el Índice de Pobreza Humana es respectivamente 12.3 y 17.2, superior a la media nacional que es de 10.5.
Lo que no explica el informe es como la provincia Altagracia, con ese modelo “generador de pobreza”, aporta al Estado más ingresos per cápita que el resto del país y se ha convertido en el principal foco de atracción de la migración interna.
La realidad es que el turismo de Puerto Plata y Punta Cana ha generado más riqueza y más empleos per cápita que el resto del país, aunque no ha podido dar respuesta a todos los pobres y desempleados que se desplazan desde otras comunidades deprimidas en busca de las oportunidades que ofrece la actividad turística.
El turismo tampoco ha podido, en adición a su rol de invertir, generar empleos, potenciar la actividad productiva y pagar impuestos, asumir la tarea de hacer una justa redistribución de la riqueza que produce.
En Puerto Plata, la importancia del turismo se ha visto confirmada en el impacto negativo que ha significado la reducción del flujo turístico hacia ese destino durante los últimos años, lo cual ha representado cierre de hoteles, pérdida de empleos, caída de la actividad comercial y disminución del mercado para la producción agrícola e industrial.
En el caso de Higuey, es cierto que falta un acueducto, que muchas de sus calles lucen deterioradas y que la inversión social es escasa ¿Pero esa responsabilidad corresponde al sector turístico o al Estado?.
¿El sector turístico que construyó el aeropuerto de Punta Cana, incluido entre los diez más activos de América Latina; que ha construido carreteras, barrios y escuelas en Verón, que está aportando los recursos para la construcción del Boulevard de Bávaro y que prácticamente no recibe casi nada a cambio de lo que aporta al Estado, debe ocuparse también de erradicar el problema de la pobreza que llega del resto del país, organizar el desarrollo urbano, controlar la migración y resolver el problema de la delincuencia?.
¿Es justo pedirle todo eso y desacreditar a un sector productivo que durante los últimos 25 años ha sido el más firme aliado del desarrollo nacional como principal productor de empleos y divisas, como factor de redistribución de riquezas desde el punto de vista social y territorial y como agente de revalorización de la cultura nacional.?
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