REPUBLICA DOMINICANA.- -La corrupción gubernamental es un cáncer que está destruyendo la nación, y aniquilando los principios éticos y morales que deben ser las prendas de mayor valor en la sociedad. Siempre que a alguien se le ocurre decir que el país está retorcido por los corruptos de inmediato funcionarios o periodistas de los denominados bocinas salen diciendo que es una maniobra de la oposición y tratan por todos los medios de minimizar las denuncias hasta desbaratarlas en el aire.
Si la ciudadanía pide que se asigne el 4% del producto interno bruto al sistema educativo las bocinas no pierden la oportunidad para decir que la oposición está detrás del reclamo popular financiando las manifestaciones. En fin, a todo el que abre la boca contra el gobierno lo pintan con el color de otro partido. Los estrategas del engaño y la desinformación maniobran para politizar las demandas populares aunque no siempre tienen éxito, porque el pueblo ya hace mucho rato que despertó.
Todo el que conoce a la mayoría de los funcionarios del PLD sabe que muchos de ellos cuando llegaron al poder en 1996 eran poco más que indigentes. Eso sí, muy serios, honestos, pulcros, teóricos, diestros en la política del patio, leían a “vanguardia” y los textos de Bosch. Unos cuantos con conatos de intelectualidad, pero a medida que pasaron los años la imagen se fue empañando se enlodaron y cuando se fueron en el 2000 la gente decía “Llegaron en chancletas y se fueron yipetas”.
La cultura de la corrupción en la República Dominicana es como una onda expansiva, que ha arropado la sociedad, los tres poderes del Estado, los cuerpos castrenses, los funcionarios, empresarios, iglesias y partidos. Allá nadie está libre de pecado ni protegido de perturbación como dicen en la misa. A nuestro léxico le han incorporado términos tales como; “nominilla y barrilito”, que son dos formas de robarle oficialmente al erario, la extorsión por parte de funcionarios civiles y militares, el enriquecimiento ilícito, y las 6 mil cuentas bancarias que tiene el gobierno conforman un cuadro siniestro similar a una organización mafiosa.
Una figura casi sagrada en el PLD como lo es Euclides Gutiérrez Félix, tiene cuentas pendientes con el pueblo por corrupto, sus gastos excesivos en restaurantes con la tarjeta de crédito de la Superintendencia de Seguros, indican que no es un tipo serio como se pensaba. Días antes de que le destaparan el escándalo había dicho en un programa de televisión. “Muchísimos delincuentes hay en el PLD, digo Yo, que hay muchos delincuentes en el PLD, y hay gente que no tiene categoría ni calidad para militar en las filas del PLD”.
Como a todo el que se levanta y denuncia el pillaje que existe en la administración pública, lo acusan de estar financiado por la oposición, no dudo que a Julián Assange lo acusarán de complicidad con algún partido o grupo del bando contrario. El australiano ha destapado una oportuna olla de grillos que a simple vista luce como la antorcha que enciende la luz al principio del túnel, pero en el fondo no es más que la confirmación de lo que la colectividad ha sospechado y vociferado a veces con impotencia.
Los WikiLeaks han desenmascarado a Felucho Jiménez y a Andrés Andrés Van der Horst en momentos que su perfil está casi arrastrándose, lo que hace suponer, fueron sometidos a un aislamiento forzado de la esfera del poder, sobre todo a Felucho. Lo que hacían no era un secreto para el Presidente Leonel Fernández, el mandatario lo sabía, según lo confirman las filtraciones de la embajada estadounidense.
Tanto Felucho como Van der Horst han negado su implicación en actos de corrupción que les imputan, pero lo que nadie podía esperar es que lo aceptaran, ya Jiménez ha dicho que demandará al ex embajador Robert Fannin y al periódico El País de España que ha publicado la información, a lo mejor también incluye a Julián Assange el principal protagonista de su embarre.
Pero tranquilos, nada va a pasar, Felucho no se atreverá a mover un dedo, él es el menos interesado en meterse para lo hondo, recuerden que cuando lo sacaron del gobierno ya tenía una imagen bien atropellada dentro de su propio partido y en las proximidades del palacio. En lo que respecta al tránsfuga Andrés Van der Horst, conociendo su historial muy pocos dudarían de lo que ese personaje es capaz de hacer.
Desde que en el periódico el País soltaron el bombazo, los “liquiados” empezaron a ocupar espacios en los medios para proclamar su inocencia y acusar a Robert Fannin y a los inversionistas que pretendieron extorsionar, tildándolos de mentirosos, ellos están contando su verdad, es decir la que el pueblo jamás le creerá.
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