ESIAS CRISTIANAS?
"El gobernante que hace justicia da seguridad al país; el que sólo cobra impuestos lleva el país a la ruina" Proverbios 29:4
Si observamos la realidad social, económica, política y religiosa de la República Dominicana, nos damos cuenta de que vivimos en medio de un ambiente en el que la gente se siente frustrada, insegura, desprotegida y hasta sin esperanza.
Por un lado esta el círculo vicioso de la pobreza en que vive casi la mitad de la población dominicana. Esto lleva a muchos jóvenes y adolescentes a caer en la delincuencia, el consumo y tráfico -el micro tráfico- de las drogas, el robo y asalto a otras personas. También hay personas adultas que recurren a cometer delitos de la misma naturaleza, o se involucran de uno o de otra manera en otras acciones ilícitas, como la corrupción, tanto a nivel privado como del Estado. Hay corruptos y corruptores, un pecado que envuelve a no pocos en el país.
En sentido general hay inequidad en el país. Por un lado se habla del crecimiento económico que se ha experimentado, pero la pobreza sigue en crecimiento. Los beneficios del supuesto crecimiento se distribuye de una manera en que la mayoría recibe muy poco, en tanto que la mayor parte de dicho crecimiento se queda en manos de muy pocas personas.
Se esperaría que el Estado, particularmente el Gobierno, encabezado por su Presidente Constitucional, así como el Congreso Nacional, elaboren y aprueben una ley de presupuesto, producto de los impuestos, préstamos y otros ingresos que la sustenten, que contribuya al desarrollo integral del país, de manera que podamos ir cumpliendo con Los Objetivos del Milenio.
En este sentido, el Estado debe tomar en cuenta y escuchar los reclamos de la población, debe definir y encausar las prioridades que urgen en la nación. Siendo la primera de ellas la educación. Es de todos sabido que un país sin educación es un país sin futuro. Hay que invertir en una educación de calidad, que rompa el círculo de la reproducción de pobres y de pobreza.
Es necesario invertir los recursos necesarios para la capacitación y la actualización de los servidores de la educación, los profesores y los técnicos en el campo de la pedagogía. Hay que pagarles salarios dignos a dichos servidores. Hay que equipar a los centros escolares públicos de todos los recursos necesarios, de tal manera que el nivel de sus egresados esté a la par de los mejores centros privados. Para que esto sea una realidad el Estado debe ser el primero en respetar la ley que aprobó y promulgó, mediante la cual se estableció el 4% del PBI del país. Si el estado no cumple ni respeta la ley que le obliga, no está en capacidad ética para pedir a la ciudadanía que cumpla o respete las demás leyes del país.
Hay un sentimiento de frustración por la manera en que se está administrando el Estado. La gente se siente huérfana. Se está perdiendo la fe en nuestros gobernantes, en los hombres y mujeres del Congreso Nacional, en las autoridades municipales y hasta en el Poder Judicial. Solo parece haber algún grado de confianza en las iglesias cristianas y ciertas organizaciones de la sociedad civil. De ahí que corresponde a ellas iniciar un proceso de consultas y reuniones, para reflexionar acerca de la manera en que, desde la fe en Jesucristo y su evangelio, es posible hacer propuestas y demandas, junto a las organizaciones de la sociedad civil que comparten las mismas preocupaciones.
Las iglesias cristianas deben unirse como una sola voz, junto a aquellos y aquellas que aman la justicia y la equidad, que nos han sido enseñadas por los profetas de Dios y por aquél, a quien somos servidores y nos reitera el mandato de amar y servir al prójimo: Jesucristo nuestro Señor, quien vino al mundo para darnos vida en abundancia.
Fielmente en Cristo,
Rvdmo. Julio C. Holguín Khoury
Obispo Diocesano
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