ROBERTO LEBRON
Después de 12 meses de receso e igual tiempo de haber retornado a mi puesto en el matutino El Día, del Grupo Corripio, he decido atender un llamado hecho por la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) para reasumir las funciones de director de Relaciones Públicas y Comunicaciones de la institución.
Durante tres años y medio ocupé el cargo, riesgoso para algunos, hasta que fui relevado del mismo, dentro de la rutina que se estila en agencias de ese tipo, la que adoptan la misma práctica de rotar al personal cuando sea necesario y por conveniencia en el servicio. Me mantuve 12 meses como asistente especial de prensa del mayor general Rolando Rosado Mateo.
Se sabe que la DNCD es una institución de carácter militar, aunque directamente dependiente de la Presidencia de la República, debido a que sus integrantes, como bien se lee en la Ley 50-88, vienen en su mayoría de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. De ahí, entonces, se deriva su accionar como institución castrense y policial.
Pero ese no es el caso, sino que lo quiero compartir con mis lectores -y sé que ellos son generosos y comprenden tal postura- son los elementos que me motivaron a aceptar el reto de reincorporarme al puesto de portavoz del organismo. Uno de esos puntos fue la confianza puesta en mi por el mayor general Rosado Mateo, con quien trabajé durante los primeros nueve meses de su gestión.
Confieso que mi familia y algunos amigos íntimos reaccionaron opuestos a que retornara al cargo, muy delicado según el parecer de estos, pero les convencí -lo que entendieron en toda su dimensión- y desde hace dos semanas tengo sobre mis hombros, por segunda ocasión, uno de los compromisos más importantes que me han tocado en mi carrera como comunicador. Y porqué no como ciudadano, me pregunto yo, después de todo.
Habría sido, en primer término, un acto de deslealtad a la institución, a la que me debo, rechazar el llamado del oficial general y amigo, al país, a mi familia y a la gente que cree en mi, que es mucha, y perdonen la inmodestia, y si se quiere con ella incluida, como diría el mejor amigo y periodista Don Alvaro Arvelo Hijo.
Ahora bien, eso no implica que algunos sujetos al servicio del bajo mundo, por ejemplo el desacreditado y comprometido con el crimen organizado, sobre todo el narcotráfico y el lavado de activos, Tomás Castro, quien me acusa a través de los programas del doctor Julio Hazim de ser un perverso, corrupto y difamador.
Pero que va, me tiene sin cuidado que esas imputaciones y vituperios vengan de un sujeto como este, quien en vez de una toga tiene un mandil, manchado por demás con la sangre hecha derramar por sus clientes a la juventud dominicana. Sus patrocinados han propiciado el ingreso al país de miles y miles de kilos de cocaína y heroína. Lo lamentable es que el doctor Hazim, no así Machi Constant permita esas barbaridades.
Evidentemente que eso no quita el sueño, a pesar de las llamadas que me hacen los amigos, todos preocupados por los juicios externados por este sujeto, quien no para de tirar todo tipo de pestilencias sobre el suscrito por haber asumido la responsabilidad, como periodista y como funcionario público, de decirle al país quienes son sus clientes y a qué se dedican estos individuos del bajo mundo, sobre todo enquistados en el Este del país.
Acepto el reto, sin importar lo que digan y piensen los que en vez de la toga tienen mandil, repito teñido de sangre y tiznado de arriba abajo. Si alguien tiene algo que decir de mi en público que lo haga, lo reto a sacar papeles al respecto, o de lo contrario que se prepare para que me enfrente en el terrero que pisan los hombres que tienen dos cojones entre las piernas.
papitolebron@yahoo.es
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