Por Alejandro Almánzar
La República Dominicana podría estar matando la gallina de los huevos de oro, si las autoridades se muestran impotentes ante la delincuencia, que ya alcanza niveles insoportables.
Con las acciones de los delincuentes, el empresariado lleva la peor parte, sometidos al chantaje y extorsión por estos desalmados, para poder mantener sus negocios abiertos hasta determinadas horas de la noche o del día.
Todo luce indicar, que el gobierno perdió el control del Estado y los bandoleros imponen la ley de la selva, adueñándose de la paz y tranquilidad de los dominicanos que luchan por un mejor país, como son los hombres y mujeres de negocios.
Producto de esa realidad, muchos de ellos han optado por retirarse del país y otros piensan hacer lo mismo, porque los asaltan a plena luz del día y sufren todo tipo de extorsión de parte de estos facinerosos, que se han adueñado de los barrios, sin que nadie los detenga.
Aunque en los últimos tiempos la economía dominicana se sustenta en las remesas que llegan del extranjero, el país no puede darse el lujo de que la violencia espante a quienes pagan impuestos y generan empleos, pues esto puede resultar catastrófico.
El poder ejecutivo tiene la responsabilidad constitucional, de preservar la paz, tranquilidad y seguridad de los dominicanos y los extranjeros que residen en nuestro territorio, por lo que la delincuencia tiene que ser controlada al precio que sea y en el terreno que ellos escojan, sin vacilación.
En nombre de la democracia y las libertades públicas, el país no puede ser dominado por estos criminales y mucho menos se puede permitir, que los empresarios abandonen sus actividades productivas por la falta de garantía oficial.
Diversos sectores de la sociedad han solicitado a viva voz, el desarme de la población civil para acabar con la delincuencia, pero, por el contrario, deportados de estas naciones que cumplieron condenas por diferentes delitos, llegan allí y al otro día andan armados hasta los dientes.
Parecería como si el beneficio que reciben quienes viven del negocio de las armas, pesara más que la sangre derramada por gentes buenas del pueblo, incluyendo militares y policías, asesinados en el cumplimiento de su deber.
Los secuestros, atracos, asesinatos y extorsión a comerciantes y empresarios, sólo traerá como consecuencia mas miseria al país, por lo que hay que enfrentar con determinación a los delincuentes, colocándolos en el lugar que se merecen.
Si las autoridades finalmente son vencidas por la alevosía de estos grupos, el país caerá en el vacío y los inversionistas no tendrán más camino que salir de allí para garantizar sus vidas y los pocos bienes obtenidos.
Y mientras los jefes de familias deciden educar y controlar a sus hijos, las autoridades están en el deber de frenar sus andanzas criminales y perniciosas que lesionan los intereses de la mayoría, aunque sea poniéndolos bajo tierra.
alexalma0915@gmail.com
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