SANTO DOMINGO, RD.- (Septiembre 18, 2010) Los políticos dominicanos nunca logran concertar para obrar a favor de los mejores intereses, pero todos coinciden en el manejo de las cosas públicas, que como lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta.
Al desaparecer Trujillo y luego del derrocamiento de Bosch, quienes gobernaron el país, decidieron importar carros para el transporte público y de forma politiquera se los regalaron a choferes.
Balaguer, desde 1966, hizo lo mismo, pero con autobuses. Estos fueron repartidos entre afectos del líder reformista, y nadie pagó un centavo por ellos, que en importación de repuestos y mantenimiento, muy caro pagó el pueblo.
Cada vez que los sindicatos querían conseguir “conquistas laborales”, amenazaban al gobierno con una huelga y la única salida era, traer carros y autobuses, para entregárselos y estos repartírselos a la garata con puño.
El PRD y don Antonio Guzmán, tomaron el poder en 1978, y creímos que las cosas serían distintas, pero no, esto siguió de mal en peor. El presidente Guzmán, un ilustre ciudadano muy bien intencionado, fue sorprendido en su buena fe y cayó en lo mismo.
Para solucionar el problema del transporte, “asesorado” por dirigentes “sindicales” creó la Oficina Nacional de Transporte Terrestre, (ONATRATE), que aunque no era administrada por sindicatos choferiles, finalmente la corrupción administrativa y esos mismos sectores la hicieron colapsar.
Por doquier encontrábamos un cementerio de autobuses, que a sindicalista, ni a políticos le habían costado nada, demostrando con esto, que el Estado no tiene dolientes.
En la segunda vuelta de don Elito al poder, en 1986, mucha gente recordara las famosas banderitas, que al poco tiempo, todas estaban tiradas en solares baldíos, en fin, el dinero de los dominicanos manejado sin ningún pudor.
Con la llegada al trono, del hijo de Villa Juana y discípulo de Bosch, volvimos a creer que las cosas cambiarían, y la verdad es, no han sido distintas, excepto que con la construcción del Metro, parece buscarse una solución definitiva al problema.
En el periodo constitucional 1996-2000, el jefe de Estado creó mediante decreto, la Oficina Metropolitano de Servicios de Autobuses, (OMSA), que como las anteriores, se convirtió en otro barril sin fondo y finalmente, la mayoría de las unidades hoy están inservibles, mientras los usuarios pasan todas las vicisitudes para llegar a sus destinos.
El poco respeto por el dinero de los contribuyentes se siguió poniendo de manifiesto más claramente, con la llegada al poder del Guapo de Gurabo, que bajo una compañía fantasma, ordenó la importación de cientos de autobuses y los entregó a empresarios del transporte, pasándole la carga al Ayuntamiento del Distrito Nacional, para que los munícipes pagaran las habas que otro Burro se comió.
Como se maneja el Estado dominicano, no descartamos que con el Metro pase lo mismo que con ONATRATE, la OMSA y no sabemos, hasta cuándo la población seguirá indiferente ante las acciones mafiosas de los grupos de poder.
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