La enfermedad no tiene cabida en un cuerpo mental, emocional y espiritualmente sano, pero cuando la misma se apodera de lo humano, se recomienda la medicina adecuada para mitigar sus efectos, pero a veces, la cura resulta peor que el mismo padecimiento.
Un caso patético de eso son las drogas, pues las grandes naciones apostaron a vendar a los jóvenes de los años 60s y 70s para neutralizar el socialismo y nunca pensaron que esto se convertiría en un monstruo de siete cabezas que nunca podrían domar.
Mientras en los años 50s y 60s el comunismo era su mayor preocupación, ahora el narcotráfico y el terrorismo acaparan toda su atención, como juego de ajedrez, que cambiamos de damas a nuestras conveniencias.
Quienes desde espaciosas y confortables oficinas orquestan políticas caprichosas, han fracasado, y es lamentable que en lugar de combatir el hambre que azota el mundo, continúen jugando con la inteligencia de los ciudadanos.
Si para detener el proyecto imperial de naciones enemigas, se usó el terrorismo, es normal que hoy se cosechen los frutos, tal búmeran. Quienes para frenar el comunismo introdujeron la Cocaína, Marihuana y compartes a nuestras Américas, lo menos que pueden hacer es admitir que la cura resultó peor.
Con estos productos en el mercado, acompañados de las ya famosas Discotecas, se obnubiló la mente de hombres y mujeres pensantes, que se reunían en clubes a analizar temas de interés, lo que mortificaba grandemente al capitalismo y en estos momentos no sabemos qué fue más adverso, sí la cura o la enfermedad.
Como toda acción produce una reacción, el lugar abandonado por el pensamiento doctrinario, fue ocupado por muchachos que buscan escalar socialmente, ya que el sistema no les garantiza ascender socialmente, sobre todo, en sociedades donde el hombre vale por lo que tiene y no por lo que espiritualmente es.
Eso trajo consigo pandillas, sicariato y el crimen organizado en todas sus manifestaciones, lo que hoy mantiene a México, Colombia, República Dominicana y otros, viviendo en una pesadilla total, con sus instituciones desmoralizadas y la juventud destruida.
Drogas y terrorismo se tornan desafiantes y la paz perdida no parece recuperable a corto ni mediano plazo en nuestros países. Estados, Iglesias, empresarios y políticos deben unificar esfuerzos para enderezar el rumbo de los jóvenes, proveyéndoles mejores y más oportunidades, pues estos están destinados a ser el futuro y sostén de la patria de Los Trinitarios, en cuanto a lo que a nosotros se refiere.
Si para evitar el surgimiento de otras Cuba, se puso en marcha la drogadicción en América, ahora más que nunca deben convencerse de que los procesos de los pueblos son indetenibles y vuelven a errar cuando recurren al derrocamiento de gobiernos democráticos para evitar la aparición de otro Chávez en el área.
Los errores del pasado deben servir para marchar hacia un mejor futuro, repetirlos es absurdo.
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