Desde Mi Ventana Óptica
Por Alejandro Almánzar
REPUBLICA DOMINICANA (Noviembre 14, 2011) Al decir de bebedores, el primer trago, es el pica, después de ese, los demás, bajan suavecitos. La misma condición se aplica a policías, a quienes oficiales superiores, asignan la tarea de limpiarles el pico a curtidos delincuentes.
Dura tarea al principio, para quienes en su hogar le inculcaron respetar la vida de sus semejantes. Barrios de la Capital, Santiago, San Francisco de Macorís y otros, son testigos del accionar de esos enigmáticos, temidos, endiosados e idolatrados agentes.
Su tenebroso quehacer, hace eco en la memoria de quienes en esos sectores han tomado la delincuencia como medio de supervivencia. Castillito, la Cobra, Masambula y la Soga, son sólo algunos nombres, que al ser escuchados, producen pavor a delincuentes.
Hasta ahí, quizás todo está bien, pero el peligro aparece, cuando sus hazañas se convierte en el vicio de matar, lo que es aprovechado por el crimen organizado para sus famosos ajustes de cuentas. Cuando se investigue a fondo, se descubrirá que la Soga, no es la excepción de la regla.
Es la causa principal, por lo que las autoridades judiciales de Santiago no han dado ni darán con Fernando de los Santos, acusado de dar muerte a dos jóvenes, por encargo de dos empresarios de esta ciudad. La Soga, no aparecerá con vida, pues cuando sus mentores crean que puede caer en manos del Ministerio Público, lo sacaran de juego para que no vaya a cantar más que un gallo, y ellos queden en sus redes.
Siempre vimos con reservas, que la institución del orden diera luz verde a policías, para que tomaran la justicia en sus manos y que segmentos de la población lo aprobaran, como único camino que jueces corruptos le han dejado a la ciudadanía.
Cuando matar se convierte en un vicio, nadie descarta que ese uniformado se dedique a realizar crímenes por encargos, y convertir su misión en un lucrativo negocio, quitando vidas por dinero, como ocurrió con la Soga, al decir de las autoridades de Santiago.
Si el bebedor está nervioso por falta de un trago, no menos se sienten, quienes hacen suyo el vicio de matar. Tienen que derramar sangre, aunque sea de un pollo. Por eso, no es extraño que de los Santos, tenga 19 años como agente gatillero, y que haya puesto su oficio al servicio del crimen organizado.
Ahora surgen interrogantes que deben ser respondidas, ¿Operaba por su cuenta el teniente, la Soga? ¿Quienes les asignaron las funciones de matar en la policía? ¿Serían estos mismos oficiales que ordenaron el atentado en su contra, conscientes de que las autoridades judiciales estaban pisándole la soga al teniente?
¿Formarían con él, un poderoso clan para buscarse unos chelitos, arreglando cuentas en el bajo mundo? ¿Serán otros y no ellos que los tienen escondido y dispuestos a matarlo antes que dejarlo caer en poder de la Fiscalía?
alexalma0915@gmail.com
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