Por Alejandro Almánzar
Muchos celebran la caída de Hosni Mubarak, quien por casi 30 años gobernó la República Árabe de Egipto, recurriendo a todas artimañas para cada vez agenciarse más poder, mientras la pobreza se apoderaba de la mayoría.
Nació el 4/5/1928, se hizo bachiller en ciencia militar. En 1949, abandonó esa academia e ingresó a la de aviación, donde obtuvo el rango de oficial piloto, el 13/3/1950. En 1967, fue jefe de la Fuerza Aérea Egipcia, y en 1972, comandante del Ministerio de Defensa. Por sus servicios durante la guerra de Octubre, de 1973, recibió grandes reconocimientos.
En 1975, abandonó la carrera militar, para acompañar como vicepresidente a Muhammad Anwar El Sadat, quien fue asesinado en Octubre, de 1981 por la llamada Guerra Santa, convirtiéndose así en el cuarto presidente egipcio. Se mantuvo en el poder apoyado por el Partido Nacional Democrático.
Coincidió con amigos y enemigos para mantenerse como “garantía” de la estabilidad política regional, y adversó a sus aliados cuando las circunstancias se lo aconsejaron. Quienes celebran su caída, apuestan a la victoria del pueblo egipcio, entre ellos, el ex presidente cubano, Fidel Castro.
Sobre esa supuesta victoria de la sociedad egipcia, particularmente tenemos nuestras reservas y preferiríamos esperar que el tiempo transcurra para saber si se trató de una revuelta popular, o de otra soterrada componenda militar, para seguir negándole la libertad a esa nación hermana.
Que Fidel esté del lado de dicha revuelta es normal, pues sabemos que Los Estados Unidos estaba apoyando y sosteniendo a este dictador, y para ser coherente con su planteamiento anti imperialista, es admisible que adopte dicha posición.
¿Por qué nuestras reservas? A) porque sólo faltaban meses para las elecciones, donde la oposición podía estructurar un proyecto electoral, que frenara la intentona continuista de Mubarak. B) Porque los militares se mantienen aferrados al poder.
C) Porque ese movimiento no contaba con ningún liderazgo capaz de sustituir al renunciante mandatario, lo que exponía al país a un vacío político u otra dictadura más férrea que la derrocada.
¿Cuál fue la primera decisión de la Junta Militar? La misma que toman los militares en toda parte del mundo para conculcar los derechos civiles a los ciudadanos, disolver el Congreso, y eliminar la Constitución.
Por eso entendemos, que Egipto no ha dado un paso cualitativo, cuando un movimiento sin base política civilista, decide derrocar a Mubarak para dar paso a otra dictadura militar.
¿Por qué no formaron una Junta de gobierno civil? ¿Quién estaba tan apresurado, que no pudo dar tiempo a que se celebraran comicios el próximo Septiembre? Quisiéramos estar equivocados, pero a simple vista se ve, que Egipto cambió de lo malo a lo peor.
Los dictadores uniformados son corruptos y despiadados, si no, pregúntenles a los venezolanos, con Pérez Jiménez, los dominicanos, con Trujillo, en Chile, Pinochet, y Nicaragua, con Somoza. Definitivamente, la cura puede resultar peor que la enfermedad para la democracia egipcia.
alexalma0915@gmail.com
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