El país necesita una policía confiable, creíble y eficiente. Que el ciudadano se sienta protegido, apegada a la transparencia y que sus acciones arrojen luz, en lugar de sombras.
Aunque el jefe de la institución ha dicho que es un informe preliminar, el entregado por su vocero, sobre la muerte del teniente coronel, Virgilio Casilla Minaya, el mismo deja una estela de nubes, que nos remonta a los días en que fue asesinado Darío Gómez Martínez.
Para entonces nos dijeron, que esos criminales estaban sin nada qué hacer, y que decidieron salir a ubicar a una víctima, para atracarla y que al llegar a una casa donde compartían amigos, en el hoy Santo Domingo, Este, entraron y escogieron como su presa al malogrado senador, quien mantenía una lucha a muerte en contra del lavado de activo, desde el Congreso Nacional.
Ahora la farsa no es diferente, se reunieron cuatro sujetos, que dicen haberles tendido una celada por algún tiempo a un viejo que semanalmente se sentaba frente de un colmado, con una cadena de oro, gorda, y una pistola enganchada.
Es una copia fiel de las declaraciones que dieron los asesinos de Darío Gómez Martínez, que los hechos después demostraron, se trató de un crimen por encargo, ya que, todos resultaron asesinados en las cárceles del país.
En lo referente a este ilustre oficial asesinado, es más delicado para la sociedad, pues con dicho informe se demuestra, que manos poderosas se esconden detrás de este otro crimen, perpetrado por delincuentes del bajo mundo, pero comandados sabe Dios, por oficiales de altos rangos, que continuaran sus labores sicariales a lo interno, sin ser tocados.
De eso se encargará el tiempo, cuando los imputados comiencen a morir en las cárceles por las manos invisibles de estos sicarios policiales, para que a ninguno se le ocurra revelar la realidad del asunto. Quisiéramos creer en la sana intención del mayor general, José Amado Polanco Gómez, jefe policial, pero la explicación sobre el particular es poco convincente.
Sabemos que dicho oficial investigaba inconductas de oficiales y alistados, y que había recibido presión para que desestimara investigaciones sobre acciones dolosas de esos delincuentes uniformados, que siempre han usado sus rangos para ultrajar a la sociedad.
Es poco creíble, que se movilizara un personal tan numeroso, incluyendo varios vehículos para robarle una cadena y una pistola a un viejo, cuando eso lo podían ejecutar una o dos personas armadas y sin tener que quitarle la vida a nadie.
Eso resulta una cantinflada más ha que nos tienen acostumbrados las autoridades, cuando grupos poderosos deciden sacar de circulación a gente de bien, que se interponen en sus andanzas mafiosas, el que luego una comisión se encarga de sepultar en la impunidad.
La opinión pública debe exigir que se aclare del todo la muerte de Casilla Minaya, a quien personas de su entorno identifican como un ciudadano ejemplar, dedicado a la docencia, que en sus funciones en el Departamento de Asuntos Internos de la Policía, era insobornable, pues es posible que el sicariato policial esté empleando la tesis escobariana, plata o plomo y esto tiene que ser aclarado, caiga quien caiga.
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