A los humanos nos han inculcado la existencia de un Ser llamado Dios, a quien se le atribuye todos los poderes del mundo, incluyendo el perdonar, castigar, sentenciar y someter a las más duras pruebas humanas a sus “hijos”.
Por eso no es extraño si le dicen, que la crucifixión de Cristo, el genocidio alemán, contra los judíos, los atentados del Septiembre 11, y las vicisitudes que históricamente han vivido los hijos de Toussaint L’ouverture, son obras de su exclusividad.
Nunca admitirán que los intereses más despreciables de la tierra, se han conjugado para hacer de Haití, un entorno social indigno, lleno de seres miserables, mancillados y burlados, tanto por la clase dominante local, como por grupos internacionales, cual pirañas, se ceban con sus desgracias.
Parecería como si la naturaleza misma coincidiera con esos malvados, pues también aprovecha su fragilidad y se enseña constantemente contra ellos. El último de esos fenómenos y que parece haberle puesto la tapa al pomo, fue el terremoto del 12 de Enero, del año 2010.
El cual devastó casi por completo al Haití de Hatuey, sembrándolo de pesar, y como si hubiese sido poco, luego vinieron epidemias e inundaciones, trayendo más muerte, y lo que no podía faltar, esas manos perversas que viven al asecho para sacar el mayor provecho de su agonía.
Esos mismos que pescando en ríos revueltos, embarcaron al destruido país en un proceso electoral, donde sus resultados no podían ser menos funestos y en lugar de llevarles esperanza, paz y tranquilidad, hoy los sume en una de sus más peligrosa crisis política, lo que indefectiblemente repercute contra la República Dominicana.
Como buenos ajedrecistas, los eternos culpables de su desdicha han movido sus fichas al antojo y de contrabando les están llevando como solución a sus males, a crueles tiranos y asesinos, que por su sadismo fueron expulsados del poder, nos referimos a Duvalier hijo y Arístides.
Ya vimos que vestido de manso cordero y como sí bajado del “Infierno”, apareció allí uno de los más sanguinarios dictadores que haya dado la patria de Dessalines, Baby Doc, hijo de Papa Doc, que con manos férreas desgobernaron al país desde 1957 hasta 1986, y se robaron el dinero del pueblo.
El padre gobernó desde 1957 hasta 1971, cuando falleció, entregando el mando al hijo que apenas tenía 19 años y su impiedad no fue nada diferente a la de su progenitor, cometiendo crímenes con total alevosía, lo que provocó una revuelta popular, debiendo este exiliarse en Francia, para 1986.
En pocos días tendremos allí la presencia de un demonio con sotana, el hombre de los collares de fuego, que el pueblo haitiano también desterró de sus entrañas por crimines bestiales, cometidos contra sus adversarios.
Él está en los planes de quienes desde afuera dirigen la política haitiana y que eternamente han conspirado contra su derecho a vivir en paz, libertad y democracia, es por eso que exclamamos, ¡pobre Haití!
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