Al cumplirse 50 años del asesinato de las muchachas de Salcedo, muchas cosas se han dicho, pero hoy cuando el fantasma Trujillo vuelve a intentar infundir temor en la sociedad, es preciso recordar no sólo a las tres heroínas, si no, a un héroe anónimo que la injusticia social ha borrado de la historia.
No es la primera vez que me refiero a la suerte corrida por este rey sin corona, si la memoria no me falla, hice lo mismo en el 1999, cuando se conmemoró el 39 aniversario de tan vil asesinato de Rufino de la Cruz y las hijas de doña Mercedes Reyes y don Enrique Mirabal.
Para resaltar el heroísmo de unos, no debemos negar la valentía de otros. Hacerlo, sería una imperdonable mezquindad humana. Para quienes lo desconocen, Rufino de la Cruz, era el chofer de confianza de las mariposas, que las acompañaba en cada viaje a las cárceles, donde visitaban a sus esposos, presos políticos de Trujillo.
Él no estaba ajeno del riesgo que corría haciéndoles compañía a las tres hermanas. El rol de cada soldado es importante en las filas para lograr un objetivo. Ellas fueron ideólogas de una empresa libertaria y eso no está en discusión.
Del mismo modo que nadie puede regatear el coraje, la valentía y la determinación de un raso, llamado Rufino de la Cruz, que sabiendo estaba poniendo en juego su vida acompañando a declaradas enemigas del régimen sanguinario de Trujillo y Abes García, decidió desafiar esa maldita dictadura junto a ellas.
Hablar sólo de las hermanas Mirabal cuando llega esta fecha, es un desprecio al noble servicio prestado por este ilustre campesino, hijo de obreros echas días. No importa que la cultura elitista de nuestra sociedad lo eche al zafacón de la historia, pero su ideal libertario, el tiempo, ni la discriminación social podrá borrarlo.
Son ya cincuenta años de uno de los asesinatos más espantosos que conozca la humanidad, lo que conmovió al mundo y dejó sentir su rechazo a la vileza de un régimen abusador, torturador y criminal, estableciendo el día Internacional de la No Violencia contra la mujer y para eso, Rufino aportó su sangre.
Su condición social no debe condenarlo a vivir como un rey sin corona, a pesar de su alto honor de ofrendar su vida junto a las hermanas Mirabal, el 25 de Noviembre, de 1960. Queremos ver en los actos de conmemoración este día, a los huérfanos que dejó Rufino cuando la intolerancia política lo asesinó sin piedad.
Deseamos escuchar el clamor de justicia de sus padres, hermanos y familiares de este héroe anónimo. Esperamos verlo un día aunque sea en el pedestal de abajo, en esa historia acomodada. Verlo descansar en el sitial de los grandes, como lo que fue. Que por ser hijo de Machepa, no siga sepultado por la discriminación social.
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