El que emprendamos la huida huyendo de la pobreza, se justifica, esa es una dinámica de los seres vivos, que en busca de un mejor porvenir, se trasladan de un lugar a otro y aún así, duele dejarlo todo a tras, sobre todo, a aquellos que nos vieron nacer y crecer, luchando para con el sudor de nuestra frente, obtener el pan de cada día.
Pero es imperdonable saber, que la familia Veras Rodríguez, tiene que ver partir a su hijo Jordi, porque quienes intentaron quitarle la vida el 2 de Junio, del presente año, buscan completar su tarea de sicariato, eliminándolo, lo que quiere decir, que en el país perdimos las garantías constitucionales.
Hace mucho que las autoridades perdieron el control del Estado y los delincuentes son dueños y señores de la libertad de los dominicanos. Hoy es el hijo del ilustre abogado, Negro Veras, que se ve forzado a abandonar su país por la falta de seguridad.
Ojala y no se trate de un plan debidamente concebido de los sectores mas oscuros de la nación, provocar que aquellos que les duele el país, se sientan presos del temor y la impotencia, y tengan que irse a playas extranjeras para poder preservar la vida.
Es lo peor que puede pasarle a la República Dominicana, que la gente buena tenga que dejar la tierra que los vio nacer, vencidos por la criminalidad y el vandalismo que se han apoderado de las calles, convertidas en tierra de nadie.
Si estas voces son acalladas mediante la intimidación, nos espera un triste final. Que un buen hijo de la patria tenga que autoexiliarse por temor a los asesinos a sueldos, es para movernos a una profunda reflexión sobre el rumbo incierto de la sociedad.
La familia en descomposición, las instituciones desmoralizadas, las iglesias sacudidas por escándalos y el Estado permeado por la corrupción, es como para pensar que todo está perdido ¡Tantos desaciertos, terminaran rebozando la copa!
Empresarios, militares, profesionales y policías asesinados a cualquier hora del día y otros como el caso que nos mueve, tienen que rendirse ante el miedo a morir a manos de los incontrolables nacionales y extranjeros que se han apoderado de nuestra paz.
No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista, tanto da la gotera encima de la piedra, hasta que le hace un hoyo. El pueblo dominicano tiene la referencia de los trinitarios y hombres como Francisco Alberto Caamaño Deñó, Tomás Fernández Domínguez y Manuel Aurelio Tavares Justo.
Ellos, el día menos pensado se levantarán de sus tumbas y les pasaran facturas a los vividores de la política, que sólo aspiran llegar al poder para saciar su sed de dinero, sin importarles la suerte de la gente decente, como don Negro Veras y su familia, que su único delito es defender los sagrados intereses de la nación.
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