Noviembre 04, 2010
Por Alejandro Almánzar
El secuestro debe ser, sin dudas, la peor denigración que pueda sufrir humano alguno, donde el individuo termina perdiendo la dignidad humana, sometido al capricho de resentidos sociales que no aprendieron nada sobre valores morales, éticos y familiares.
Nadie puede privar a los ciudadanos de vivir en la libertad que otorga el derecho de nacer, pues como dijera Fidel Castro, ninguna lucha revolucionaria justifica tan infame hecho y lo dice un ciudadano, que sus años mozos los pasó al frente de la lucha armada en su país.
Pero entre los miembros de las FARC y sus secuestrados, nadie está seguro de quién finalmente es la víctima, los testimonios de quienes han pasado tan amarga experiencia así lo ponen de manifiesto.
Secuestrados son también, el ejército de niños y niñas, en edades entre 14 y 16 años, provenientes de una clase pobre económica y espiritualmente, que ante el abandono del Estado, encuentran en estos grupos lo que la sociedad les niega.
Como paradoja, quizás los secuestrados finalmente resultan más afortunados que los mismos secuestradores, ya que, los primeros en algún momento quedaran en libertad, a pesar de las secuelas que deja pasar por tan inhumano drama, pero estos últimos de allí sólo los saca la muerte.
¿Cuál es la fórmula para terminar con la industria del secuestro en Colombia? Creemos que el Estado debe proponerse romper esa brecha que existe entre los distintos segmentos de la sociedad, donde la pobreza y la falta de educación no sea su diario vivir.
Existen varios tipos de secuestros como son: ideológico, económico y de corte terrorista, en países como el nuestro, la delincuencia ejerce el secuestro social, donde la gente se niega a salir a las calles, producto del miedo que imponen esos grupos.
Con el secuestro ideológico, las cosas son bien complicadas, pues estos grupos exigen a los gobiernos parte del poder político y hasta de la soberanía nacional, lo que pone en juego la vida del secuestrado en caso de no ser complacidos.
El proveniente del terrorismo todavía es peor, pues son grupos radicales, que sienten menos respeto por la vida de las personas, además de que contrario a los de ideología, no buscan dinero para financiar proyectos, si no, que su misión es demostrar su capacidad de cometer actos abominables, con asesinatos horripilantes, para así llamar la atención.
El narcotráfico recurre al secuestro, buscando recuperar dinero tumbado por antiguos socios y lo hacen asesinando de forma dantesca, dejando sus etiquetas, con mensajes bien claros, para que todo el que se involucre en sus negocios lo piense bien, antes de quedarse con su dinero.
La humanidad debe unirse como un solo hombre, para repudiar con toda su energía a quienes usan el secuestro como forma de obtener beneficios económicos o políticos y despreciar como al peor de los bandidos a quienes los patrocinen, para que nunca más haya otra Ingrid Betancourt, Clara Rojas y otras familias, destrozadas por estos hechos inicuos.
alexalma0915@gmail.com
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